Beraja declaró que la pista siria fue un "invento" de Stiuso

El ex presidente de la DAIA habló ante el tribunal por segunda vez. En el plano local, la pista siria llevaba a Alberto Kanoore Edul, un comerciante sirio-libanés cercano a la familia presidencial. En la elevación a juicio, el juez Ariel Lijo señaló que, a través de su hermano Munir, Carlos Menem le indicó a Juan José Galeano omitir esta línea de investigación. Antes de la próxima audiencia, los jueces van a resolver si Anzorreguy, el entonces jefe de la SIDE, afrontará el juicio.

(15 de octubre de 2015).- El ex presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Rubén Beraja, ocupó por segunda vez el banquillo de los acusados para prestar declaración indagatoria en el juicio al que llegó acusado por conocer y consentir el fracaso de la investigación del atentado en la AMIA. Después de escucharlo repetir, durante más de cinco horas, mucho de lo que había dicho la semana pasada, el Tribunal Oral Federal 2 se ocupó de otros aspectos. A pedido de Memoria Activa, incorporaron como prueba un cable enviado a la Cancillería –a pocas horas del atentado- donde el gobierno de Israel manifestó la intención de coordinar con el de Carlos Menem una “versión coincidente del atentado”. Dejaron para más adelante resolver si Hugo Anzorreguy, el ex jefe de la SIDE menemista, afrontará el debate. Cuentan con el informe del Cuerpo Médico Forense, los peritos de la fiscalía y las querellas que consideraron se encuentran en condiciones -de “normalidad psicojurídica”- para responder en un juicio oral.

La noche del 19 de julio de 1994 –un día después del atentado a la AMIA- mientras los bomberos seguían buscando sobrevivientes entre los escombros, Menem dio una entrevista a Bernardo Neustadt en Tiempo Nuevo. El programa había sido mencionado en el cable enviado a las 2.50 de esa madrugada, en carácter de M (“muy urgente”) por el entonces embajador argentino en Israel, José María Valentín Otegui. El documento revela en qué medida, desde el primer momento, los intereses geopolíticos y la “coordinación de versiones coincidentes” primaron sobre la importancia de conocer la verdad acerca de cómo fue el atentado.

 

Antes de la próxima audiencia, prevista para el jueves próximo, los jueces van a resolver si Anzorreguy, el jefe de la SIDE menemista, se sienta en el banquillo de los acusados. Sería el último de los 13 imputados que tendría la oportunidad de declarar antes que comiencen a hacerlo los testigos. A poco de empezar este juicio, Anzorreguy adujo que cuestiones de salud le impedían comprender el proceso; algo que los médicos que actuaron como peritos descartaron.

 

Salvo el médico nombrado por él -que aseguró que el cuadro depresivo que lo afecta “requiere tranquilidad afectiva”-, el perito oficial, el de la fiscalía y los que representaron a las querellas de los familiares de las víctimas y del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos fueron coincidentes: “sus facultades mentales, encuadran dentro de la normalidad psicojurídica”. En el informe dirigido al presidente del tribunal, Jorge Gorini, fueron claros: “aparece un deterioro cognitivo leve fluctuante propio de la edad (…) que no limita, en estos momentos, su posibilidad de retener y procesar información y su capacidad de comprensión y comunicación durante un acto procesal”.

 

Los límites de Beraja

 

Esta vez, antes de comenzar a declarar, Beraja se apresuró a marcar los límites. Aclaró que no iba a responder preguntas de la fiscalía ni de las querellas que, entre otros, integran los familiares de los muertos en el atentado. Y, antes de repetir detalles sobre reuniones con autoridades locales y extranjeras y con servicios de Inteligencia, describió lo que él mismo definió como “aspectos conceptuales, geopolíticos e históricos” sobre los que consideró era necesario versar al tribunal.

 

Se refirió a la acusación como un “guion ilógico y absurdo” al que contrapuso el propio: aseguró que la “pista siria” –que el ex presidente Carlos Menem habría indicado no investigar- “ha sido un invento de (Jaime) Stiuso”. En la elevación a juicio que sentó a Beraja entre los acusados, el juez Ariel Lijo señaló que, a través de su hermano Munir, el entonces presidente Menem le indicó al juez Juan José Galeano omitir esta línea de investigación. En el plano local, la llamada pista siria llevaba a Alberto Kanoore Edul, un comerciante sirio-libanés cercano a la familia presidencial.

Ahora Menem y Galeano comparten con Beraja el banquillo de los acusados. En su descargo, Beraja atacó la llamada pista siria. Lo atribuyó a una creación del entonces agente de la SIDE, Stiuso; aunque, contradictoriamente, reconoció que “nunca fue enriquecida con elementos que le dieran validez”. Justamente, uno de los puntos por los que llegan a este juicio el ex jefe de la SIDE Hugo Anzorreguy y dos ex policías de la Federal sospechados de colaborar con Galeano para cumplir la orden presidencial.

 

Sobre la pista siria

 

Al describir la pista Siria, Beraja la desvinculó del tramo de la investigación que apunta a un grupo de ex funcionarios iraníes. Dijo que la pista siria solo iba de “la calle Constitución (domicilio de Kanoore Edul) hasta la calle Pasteur (donde estaba la sede de la mutual)”. Esa declaración, en todo caso, fortalece los argumentos de la acusación sobre la decisión de frenar esa investigación. Antes había asegurado que ya en 1995 el embajador estadounidense vinculó el atentado a “organizaciones paraestatales” que actuaban apoyadas por Irán, el Líbano y Siria.

 

En el expediente las pruebas, secuestradas e ignoradas, durante el gobierno de Menem por el entonces juez Galeano (hoy también imputado por el encubrimiento), vincularía a Kanoore Edul con Moshen Rabanni, uno de los iraníes actualmente prófugos e imputados por el atentado. Puntualmente, en la casa del comerciante sirio libanés se secuestró, a pocos días del atentado, una agenda con los datos de Rabbani y la dirección de un templo que frecuentaba. Esa agenda fue analizada en la causa recién en 2000. Menem ya no ocupaba la presidencia.

 

Para los familiares agrupados en Memoria Activa, Beraja "lamentablemente, perdió la oportunidad histórica que tuvo de decir, por primera vez, la verdad". Y describieron su declaración como una manera de eludir responsabilidades, para lo que “abusó de la primera persona del plural, como si representara a toda la dirigencia comunitaria, o a toda la comunidad"; aunque "reconoció manejar mucha más información de inteligencia que ministros o el mismo presidente Menem".

 

Inconsistencias

 

“Si hubiera aceptado responder a las preguntas de las partes, hubieran quedado en evidencia las contradicciones y la insolvencia de su declaración”, dijo Luciano Hazan, representante de la querella del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. En la sala de audiencias, los familiares de las víctimas del atentado hacían consideraciones parecidas. Al comenzar su declaración, Beraja se dijo incluso más informado que el propio Carlos Menem, sobre operaciones de Inteligencia, reuniones con autoridades extranjeras y, ya el promediar la primera parte de su declaración, dijo que fue la DAIA quien promovió el vínculo entre las policías Federal y Bonaerense para investigar el atentado en la mutual; ligazón que no tuvo buenos resultados para la investigación y que en otra causa continúa investigando el juez Lijo.

 

-“Entonces Beraja lo hizo, hizo todo” -dijo, entre ofuscada e irónica, Laura Ginsberg, una de las familiares que lleva adelanta la acusación y esperaba la oportunidad de preguntarle a quien había sido el representante de las entidades judías.

 

Beraja no se inmutó. En otro tramo de su declaración consideró “demencial” pretender que se pudiera haber prestado “a una conspiración para ocultar un crimen aberrante” que, además, abría la posibilidad de un tercer atentado. Haciendo gala de una memoria meticulosa, apenas con un cuarto intermedio de una hora, se describió como un “audaz” promotor de la investigación, impulsado “por la misma fuerza de la explosión que voló la AMIA”.

 

La enumeración fue la clave de su declaración. “No es razonable suponer que tuve ningún conocimiento, relación, ni ninguna sospecha del encubrimiento”, dijo a poco de empezar. Cuando terminó, volvió a hacer uso de este recurso: “Niego haber sido parte de un plan”; “niego haber conocido el pago” (por el que Carlos Telleldín involucró falsamente en el atentado a un grupo de policías); “niego haber forzado la voluntad de Galeano”, empezó a enumerar.

 

La fórmula le llevó varios minutos, después, ante su negativa a responder, y la decisión de los jueces Néstor Costabel, Jorge Gorini y Karina Perilli de no interrogarlo, su declaración se dio por concluida.

 

Milva Benitez/Débora Malamud/RA